Rebelión en la granja. George Orwell.

ESTRUCTURA Y ARGUMENTO.

Escrita en 1945, hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, esta novela sigue el modelo de las fábulas, de larga tradición, en el que se ejemplifican los defectos y virtudes de la naturaleza humana a través de una serie de animales.

En este caso los protagonistas son los animales de una granja, que cansados de la esclavitud a la que los tienen sometidos los humanos, deciden rebelarse y expulsarlos de ella. Su intención es hacer realidad una utopía que se le ha ocurrido a un viejo cerdo, el Patriarca, en la que transformarían la granja en un lugar perfecto y paradisiaco para todo tipo de animales. Va pasando el tiempo, y se ve que los animales que desde el principio han acaparado el poder, los cerdos, no dejan de engañar al resto de animales. El régimen que finalmente queda implantado resulta aún más despótico y tiránico que el que había previamente con los humanos. De hecho, los propios cerdos han evolucionado tanto que cuesta distinguirlos de ellos.

¿POR QUÉ LEERLA?

La interpretación más común Animal farm es que se trata de una alegoría que critica la revolución rusa de 1917. Así, el granjero expulsado, el señor Jones, sería el zar Nicolás II de Rusia, el cerdo Patriarca que idea la Revolución sería Lenin, y el cerdo que finalmente se hace con el poder, Napoleón, representaría a Stalin.

A mi entender, no obstante, se podría hacer una interpretación más amplia de esta novela. En cualquier grupo organizado de humanos -desde un partido político hasta una empresa- podríamos encontrarnos con el mismo tipo de tipos y actitudes sociales, que vemos retratados aquí de un modo satírico, y que en realidad reflejarían la condición humana.

Los cerdos serían los humanos ambiciosos, que anhelan hacerse con el poder (sea con buenas intenciones o por intereses puramente egoístas) y que, una vez lo consiguen se apoltronan, y nunca renuncian a él. Los perros encargados de mantener el orden mediante el miedo, podrían ser la policía, pero también el sargento chusquero, o cualquier jefecillo de tres al cuarto que desempeñara esa misma función. Las ovejas, acríticas y complacientes, serían los empleados que siguen una actitud conformista para conservar su puesto; el caballo, el típico trabajador que se desloma hasta la extenuación y la pérdida de su salud, sin recibir nada a cambio; el burro, que se da cuenta de todo el montaje pero se calla para no sufrir represalias, podría ser cualquier veterano de la empresa que se lo toma toda de manera escéptica y distanciada…

Así pues, en mi opinión Animal farm no se trataría tan solo de una sátira sobre la Revolución Rusa, sino sobre la naturaleza humana en general.

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