Peste.

Víctimas de una epidemia en una cripta de Dublín. Fotografía del autor.

“De camino al foro, vieron los tres que la pestilencia se había adueñado ya del centro de la ciudad. Hasta ellos llegaba el olor a incienso que salía de las ventanas abiertas, acompañado por la melodía de los cánticos religiosos y la estridencia de los llantos y lamentos. Por las calles desiertas apenas se veían transeúntes, como no fuesen unos pocos arrieros arrastrando sus monturas atiborradas de carga o algunos perros sueltos y famélicos. Barberías, carnicerías, tabernas, panaderías, zapaterías, herrerías… todos los locales permanecían cerrados a cal y canto, igual que las puertas de las casas. En el dintel de cada una de ellas se podía leer en un cartel enmarcado por ramas de laurel la siguiente plegaria:

Febo, el de la incortable cabellera,

aleja la nube pestilente.

Constante mencionó que había visto el mismo cartel años atrás, cuando la famosa peste cipriana se expandió por todo el imperio.

(…)

Pasaron por delante de la fachada del hipódromo y vieron el centenar largo de cuerpos sin vida, que se disponían en hileras a lo largo de la acera, tapados por mantas. El gobernador les explicó a sus acompañantes que se trataba de víctimas de la peste recientemente declarada; añadió que usaban el circopara guardar y aislar a los enfermos. Una fila de legionarios mantenía a raya a la multitud de ancianos y mujeres que querían acercarse a los cuerpos de los fallecidos y se lamentaban desconsoladamente, mesándose el pelo y desgarrándose los andrajosos vestidos. Enfrente de ellos, sobre una improvisada tribuna protegida por un palio, se hallaba el flamen de la ciudad, que estaba invocando al dios Sol para que liberara a la ciudad de la plaga y rociaba a los cuerpos de los apestados con agua lustral del templo mayor.”

Nocturnalia. Joel Santamaría.

https://www.planetadelibros.com/libro-nocturnalia/321348


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