Culto a los antepasados.

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Retrato fúnebre.

“Julio los condujo entonces al atrio que se abría detrás del vestíbulo. La estancia habría estado a oscuras de no ser por el rectángulo de claridad que se abría en el compluvio, el agujero del techo, y se reflejaba en el amplio estanque del centro. Decenas de pupilas luminosas y opacas les estaban observando desde los cuatro muros de la sala. Pertenecían a los retratos de los difuntos, máscaras de cera con ojos de cristal, situadas en el interior de unos armarios con las compuertas abiertas de par en par.

Demetrio regresó entonces del establo y prendió fuego al brasero que se hallaba frente al altarcillo doméstico. Al instante su llama parpadeante recorrió aquellos rostros graves entre los que Rodrigo reconoció enseguida el de la hermana de su señor.

—¿Y Valentina? —preguntó Constante al fin, en un desesperado intento por rechazar aquello que sus propios ojos le estaban mostrando.

—Se ha marchado con los manes. La hemos enterrado anteayer mismo.

El retrato de Valentina era el más reciente, y el que ofrecía un color más vivo en sus mejillas y labios. Constante se hincó de rodillas y lo acarició levemente con las yemas de los dedos.

Pulvis et umbra sumus* —susurró Natal, apretándole el hombro, a modo de consuelo.”


* «Solo somos sombras y polvo» (Horacio,Odas, IV, 7)

Nocturnalia. Joel Santamaría.

https://www.planetadelibros.com/libro-nocturnalia/321348

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