Fragmento de Nocturnalia.

Fotografía de la avenida principal de Palmira (Wikipedia).

“Si de verdad se trataba de un sueño, parecía demasiado vívido para serlo. Hasta él llegaba el aire seco del desierto, cargado con aromas de incienso y mirra, el berrido de los camellos y la algarabía en incontables lenguas entre las que creyó reconocer el griego, el persa y el arameo. Los mercaderes ofrecían en sus puestos a la sombra de los porches mercancías exóticas que no había visto en su vida y que estallaban en una explosión de brillos y de tonalidades. Advirtió entonces que las dos elegantes columnatas con estatuas que flanqueaban la avenida iban a parar al pórtico escalonado de un templo majestuoso, ignoraba si se trataba del de Al-lat o el de Bel. De pronto, sin saber cómo ni por qué, encaminó sus pasos hacia ese templo. Estaba tan absorto —fijándose en la multitud de hombres de todos los oficios, condiciones y lugares del mundo, en el espectáculo que ofrecía la avenida— que no se fijó en ella  hasta que pisó con su sandalia el primer peldaño de la escalinata.

Parecía una mujer, llevaba la cabeza y el cuerpo cubiertos por un manto negro, al uso árabe, y estaba parada en medio de las escaleras, con la cara hundida en el suelo. La ajetreada multitud discurría a su alrededor ignorándola por completo, como si fuese incapaz de verla. Se preguntó qué estaría haciendo aquella señora, por qué demonios se encontraba rígida, inerme, en ese lugar tan concurrido y no supo hallar la respuesta. Siguió subiendo los peldaños, volviendo su cabeza hacia el lado opuesto en el que se hallaba esa mujer; desviando la mirada hacia sus propios pies con el fin de evitar que se fijara en él, que advirtiera su presencia, porque en tal caso estaría perdido, lo sabía. Viéndola de reojo, le parecía que su figura iba creciendo, que de pronto doblaba la altura de una persona normal y que momentos después la triplicaba. Y la gente seguía transitando a su lado por los escalones, esquivándola e incomprensiblemente ajenos a su existencia. Fue en ese instante cuando se dio cuenta de que la mujer no estaba pisando esos escalones porque carecía de pies; flotaba por encima de ellos.”

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